Tsukiji. El mercado de pescado. (Japón, 9 agosto 2008)

5,30 a.m. Madrugar nos sienta fatal, agrí­a el humor y nubla la mente hasta que le metes algo al estómago. Pero, sin ningíºn atisbo de duda, merece la pena.

El mercado de Tsukiji es un auténtico caos organizado. Teóricamente el acceso esta prohibido, pero allí­ podrí­a pasar un colegio entero de excursión y nadie se inmutarí­a.

Atunes inmensos, repito, iiiiinmeeensooos, hombres cortando pescado con katanas, babosas gigantes, peceras repletas de anguilas, caracolas, algas, las ostras más grandes que he visto jamás…todo ello en puestos repartidos por estrechí­simas callejuelas, por donde circulan vendedores, carromatos de transporte, clientes, turistas…

Si te descuidas, uno de esos carromatos que llevan cajas de pescado de un sitio para otro te arrolla, y aquí­ paz y despíºes gloria, casi estoy segura que la gente seguirí­a vendiendo y comprando como si tal cosa.

Nos dijeron que la tradición mandaba visitar el mercado bien temprano, y luego desayunar sushi o noodles (fideos japoneses) en los puestos que rodean el mercado, pero tras tanta babosa y anguila, no tení­amos el cuerpo para sushi, y optamos por el desayuno continental, tradicional y nada arriesgado “bollo + coffee”.

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