Prima settimana a l’Italia

Una semana ya en Italia. Nuevo trabajo, nuevos compañeros, nueva casa, nuevo(s) idioma(s), nuevas costumbres… ¡aburrido no he estado, no! Hací­a mucho tiempo que no dormí­a tanto por las noches, ¡llego agotado a casa!

Por si alguno no lo sabí­a, he entrado a trabajar como funcionario en prácticas para la Comisión Europea. Sí­, he dejado lo de ser profesor, por lo menos durante un tiempo, para volver a ser “informático”. Pensaréis que estoy loco, que mejor vida que la de profesor no hay ninguna… y después de una semana aquí­, ¡quizás tengáis razón! Pero el caso es que me gustan los desafí­os, aprender cosas nuevas, y sobre todo, tení­a muchas ganas de salir de España y conocer de primera mano cómo se vive en otros sitios (y más con la que está cayendo ahora mismo …)

Mi primera semana se puede resumir en 3 palabras: casa, trabajo y papeles. Antes de comenzar a hablar de ella, el viaje en coche. La parte española ya la conocí­a, así­ que fue bastante aburrida, pero una vez cruzada la frontera (con parada obligada en ) la cosa se puso más interesante. Hice noche en Montpellier, en un hotel al lado de la autopista ¡y gracias! Últimamente, cada vez que salgo de España me encuentro con una fiesta nacional, y ese era el caso de Francia la mañana siguiente. Para más coña todaví­a, la etapa del Tour de ese dí­a pasaba justo por donde tení­a pensado ir, así­ que tuve que madrugar para hacer la segunda parte de mi ruta y no encontrarme con atascos. Hice caso a la Ví­a Michelí­n, y en lugar de ir por la costa francesa-italiana (Marsella-Genova) fui por el interior, pasando por Grenoble y entrando a Italia por el tíºnel de Fréjus. Sin duda, desde Grenoble, la parte más bonita del viaje: impresionante cruzar los Alpes.

Después de unos 1500km en coche entre el viernes y sábado, por fin llegué a Osmate, donde desde hací­a unos dí­as tení­a apalabrado el piso que iba a alquilar. Llegué por la tarde, después de comer en la autopista, pero entre hablar con el dueño, ver cómo se funcionaba la casa y subir-desembalar todos los paquetes, sólo me quedaban ganas de estrenar la cama y dormir todo lo que pudiera. El domingo lo dediqué a colocar las cosas imprescindibles en la casa y a ir a comprar. Primera diferencia con España que no me esperaba (aunque dentro de poco creo que estaremos igual): casi todos los supermercados grandes abren los domingos, así­ como las grandes cadenas tipo Ikea, Leroy Merlin, etc, etc.

El lunes por fin llegó el gran dí­a. A las 8.15h debí­a estar en la entrada de mi nuevo lugar de trabajo, el JRC. El sitio es precioso, una especie de campus universitario con institutos de investigación en lugar de facultades, en mitad del bosque. Creo que éramos unos 15 los que estábamos allí­ para empezar ese dí­a, en el que tení­amos una cargada agenda llena de presentaciones donde nos explicaron un poco de cada cosa: cómo movernos los primeros dí­as, cómo funciona el tema del salario, riesgos laborales, vacaciones, etc… para acabar encontrándonos con nuestro supervisor, que en mi caso ya conocí­a porque estuvo durante mi entrevista, que me presentó a mis compañeros y mi nuevo despacho. El segundo dí­a fue más de lo mismo, más presentaciones sobre nuestra formación, los recursos disponibles, el comité de empresa, seguridad… para ya después de comer, por fin, sentarme delante de mi ordenador. El resto de la semana se puede decir que ha sido de formación: tengo tantas cosas que aprender que creo que mi perí­odo de pruebas de 9 meses va a ser todo formación :D Increí­ble lo que aquí­ se mueve y el nivel que hay, me voy a tener que poner las pilas muy pero que muy rápido. Afortunadamente, creo que el ambiente de trabajo, de momento, es muy bueno y los compañeros me están ayudando en todo. Una de las cosas que me decidió a elegir este centro fue eso, el ambiente: muy abierto, muy “universitario”, muy informal (aunque después los procedimientos internos son de todo menos informales).

Al salir de trabajar, no he hecho otra cosa que adecuar la casa. Parece mentira la cantidad de cosas que hay que hacer. Esta mañana, por ejemplo, he terminado de montar el sofá después de visitar el Ikea que tengo a 50km para coger un tornillo que perdí­. Y así­ con todo, esto no acaba nunca: he aprovechado la visita a Milán para pasar por el Leroy Merlin y ver cómo funciona el tema de los cortacesped. Sí­, tengo un jardí­n que tengo que cuidar…

Pero sin duda, lo que más me está costando en Italia es el tema de papeleo, ¡y eso que me han dicho que aquí­ va bien el tema, que me vaya a Nápoles para comparar! La luz y el gas siguen sin estar a mi nombre, simplemente porque los servidores no funcionaban y los técnicos irí­an este lunes a arreglarlos. La residencia, me dieron el formulario en el ayuntamiento y ahora tengo que entregar varios documentos, más el del agua, que tengo que rellenar con el dueño del piso. Les pregunté por una tarjeta especial de residencia que hay para trabajadores de la Comisión Europea, y no tení­an ni idea, así­ que otro tema que consultar en el trabajo. Pero lo que se lleva la palma de todo son los bancos: no me extraña que los bancos españoles estén arruinados, deberí­an aprender de los italianos: por cada operación en ventanilla, 1 euro. Por cada transferencia por internet, 1 euro. Por abrir la cuenta, 5 euros. Mantenimiento de la cuenta, 1 euro al mes. Impuesto anual por cuenta, unos 34 euros… eso en el banco donde he abierto la cuenta para recibir la nómina, pero parece que son todos más o menos igual. He visto tambí­en ING, que parece que es nuevo por aquí­ y no lo tiene mucha gente, así­ que probaré a abrirme una cuenta con ellos y, si todo va bien, cancelo la primera. Ahora me falta contratar un proveedor de internet, que por lo que he leí­do y me han contado, también se las traen.

Mañana, comienzo de segunda semana, y a continuar empapándome de cómo se trabaja, qué tendré que hacer, y cómo está organizado todo. ¡Este año no tengo vacaciones de verano!

Germany Germany – “Real Hero” (College/Electric Youth cover)

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